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El tiempo: ¿un tirano o un amigo fiel?

El pasado ya pasó y el futuro todavía está por llegar. Lo que tenemos a mano es el presente y sabemos que debemos administrar bien el tiempo y aprovecharlo al máximo.

Muchas veces sentimos que el tiempo es un enemigo. Nos falta el tiempo para terminar un trabajo. La familia nos recrimina que le damos poco tiempo. Disfrutamos del tiempo libre, pero se nos pasa volando. Mientras que el tiempo en la semana va lento. Se juntan entonces sensaciones negativas y positivas a la vez con respecto al tiempo.

¿Por qué los tiempos de una persona muchas veces son tan distintos al de otra? Si llamamos a una persona para que nos venda algo es probable que venga rápido. Y si llamamos a una persona para que nos arregle la plomería, probablemente debamos esperarla.

El tiempo es uno de los factores que mayor estrés laboral generan, porque toca dos puntos sensibles. El primero es que ataca al mayor objetivo de las empresas, que es la productividad y la rentabilidad. Depende del tiempo que use para hacer mi trabajo, va a ser otro el resultado económico. Y para mí como persona, el tiempo impacta directo sobre el balance entre mi vida laboral y mi vida personal y familiar. Ya que cuanto más tiempo le dedico al trabajo, menos queda disponible para mí como persona y para mi familia.

Esto es todavía más fuerte entre emprendedores, que no tienen tiempos fijos de trabajo y creen que deben estar “disponibles” las veinticuatro horas del día para su emprendimiento. A estas personas se les hace más difícil separar los ámbitos del trabajo y de la vida personal. Pero también muchas personas empleadas en empresas u organizaciones, sufren de la “invasión” del trabajo a la vida personal. El WhatsApp, que es un gran instrumento de comunicación, también es culpable muchas veces de que no podamos despegarnos nunca del teléfono y estar pendientes del trabajo aun en tiempo de descanso.

Hacer un buen manejo del tiempo nos ayuda a evitar este conflicto y a pacificarnos con este amigo leal que es el tiempo, que puede – si quiere- ayudarnos a lograr nuestros objetivos.

Si miramos como se usa el tiempo en diferentes culturas nos vamos a dar cuenta. de que el tiempo es un fenómeno cultural por naturaleza.

Un antropólogo cultural estadounidense, Edward T. Hall, en su libro The silent language de 1959 nos explica que en cada cultura hay distintas dimensiones que podemos observar en el uso del tiempo.

Las culturas se dividen entonces en culturas policrónicas y en culturas monocrónicas.

En culturas policrónicas las personas tienden a llevar a cabo múltiples actividades al mismo tiempo. Por esta razón las relaciones y las acciones son más importantes que el cumplimiento de cronogramas u horarios pactados. Según Hall la mayoría de los países de África, los países árabes y Latinoamérica tienen esta percepción del tiempo.

La concepción monocrónica, por su parte, hace que las tareas se vean de manera lineal y que por lo general se haga una sola cosa a la vez. Esto aumenta la importancia de la planificación. El tiempo es valorado como recurso, que es posible ahorrar, gastar etc. Según Hall culturas monocrónicas son las de los países anglosajones y Estados Unidos.

Así como las culturas pueden ser las personas, algunas más enfocadas y buscando cumplir con una tarea a la vez y luego comenzar con otra. Y hay otras personas, que prefieren estar en varias cosas a la vez y hacer todo junto.

¿Al final el tiempo es un amigo o un enemigo? ¿Es un tirano que nunca alcanza o es un amigo que nos apoya para lograr los objetivos? El tiempo…el implacable, el que cuando está por venir parece enorme y cuando ya pasó y se hace pequeño, desaparece.

Llegamos a la conclusión de que el buen o mal uso del tiempo depende en gran parte de nuestra percepción. Si tenemos ansiedad porque algo ocurra, probablemente cada minuto sea largo y pase muy lento. Lo mismo si la tarea es aburrida, pasa lento. Mientras que, si estamos relajados, con amigos en una fiesta probablemente pase volando. Y también, que por vivir y crecer en una determinada cultura (país, región etc.) utilizamos el mismo tiempo de una manera quizás distinta a como lo utiliza otra persona culturalmente extraña.

Debemos aprender a percibir mejor el tiempo y la cultura de cada persona en relación al tiempo para así entendernos mejor. Sin exigirle al otro algo que es para él o para ella imposible.

Así podremos optimizar nuestro tiempo y mejorar el trabajo junto a otras personas compartiendo este amigo tan preciado y evitar que se nos escurra tan fácilmente, como arena entre las manos.

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